Me acostumbré a perderte.

20:20:00 Daniela S. 0 Comments

Esta noche les vengo a compartir un poema que me llegó demasiado al corazón, pues me recordó a ese imposible que en algún momento creí posible y que a veces  sigo creyéndolo. Y es que todos tenemos a alguno así, ¿no?
Bueno, vayamos a lo que no interesa:

Me acostumbré a tu sonrisa, a tus palabras encadenadas, a tu peculiar forma de ver la vida. Me acostumbré a esperarte, tanto como fuera necesario, a inyectar en mis venas una dosis extra de paciencia, a saber parar el tiempo. Me acostumbré a guardar silencio, a tragarme las preguntas, a bañarme entre dudas y nadar entre melodías inacabadas.
Me acostumbré a abrigarme con recuerdos, a acercarme a la nostalgia, a tapar con vendas rotas las heridas que no cierran. Me acostumbré a necesitarte, a tenerte como parte imprescindible de mi vida, aún sin estar en ella, a guardar tu historia en un rincón bajo llave para que nadie pudiera estropearla.
Me acostumbré a pensar en ti, sin apenas darme cuenta, a tenerte de manera improvisada en mi memoria, en el momento menos esperado, en el instante más impreciso. Me acostumbré a buscarte, por todas partes, en los lugares y personas más recónditos y extraños, sabiendo que, posiblemente, no te encontraría.
Me acostumbré a recorrer cada tren, cada barco, estación y puerto, deseando que algún día, la caprichosa casualidad, volviera a ponernos en el mismo camino. Me acostumbré a imaginar que estabas bien, aún sin saberlo, a imaginar que, de alguna forma, tú también te acordabas de mí.
Me acostumbré a borrar lo malo, a quedarme con lo bueno, a pintar enormes cuadros con tus dulces promesas. Me acostumbré a refugiarme en todo lo que me dijiste.
Me acostumbré a seguir la historia, por mi cuenta, ignorando por completo la parte del punto final. Me acostumbré a escuchar todas tus canciones, tus poemas y frases, por si, tal vez, algo fuera para mí. Me acostumbré a arriesgar sin pensármelo dos veces, a aguantar cien mil tormentas, a lanzarme al vacío con un solo motivo.
Me acostumbré a sentirte cerca, estando demasiado lejos, a sentir escalofríos cuando escucho tu nombre, a perderme inesperadamente con una simple fotografía. Me acostumbré a pensar que, tarde o temprano, sentirías lo mismo, que vendrías a mí del mismo modo que lo hiciste el primer día, que sólo era cuestión de aguantar un poco más.
Me acostumbré a tenerte como un contacto más, sin ser un contacto más. Me acostumbré a visitarte en sueños, al fin y al cabo, era la única forma de tenerte cerca.
Me acostumbré a seguir aquí, justo aquí, por si alguna vez necesitabas algo de mí. Me acostumbré a llegar a ti, para luego tener que volver a echarte de menos. Me acostumbré a todo. Me acostumbré a nada.
Supongo que, después de todo, me acostumbré a perderte. 

—Danny BG.

0 comentarios:

El narrador culero.

16:20:00 Daniela S. 0 Comments

Hace mucho que he querido escribir algo en el blog, pues siento que lo tengo un poco olvidado (bueno, lo tengo prácticamente olvidado) pero me ha llegado una idea y valla que no puedo dejarla.
¿Qué pasa con el título? Pues bueno, hoy quiero escribirles sobre ese ente que "La kikis" - una comediante de stand up - llama el narrador culero. Y específicamente hablaré de mi narrador, porque vaya que es culero.
¿Quién es el narrador culero? se preguntarán. Y es que vivimos con él desde siempre, es ese que conspira en tu contra. Ese que te quiere cagar la vida. Y es ese al que, desafortunadamente, siempre terminamos haciéndole caso.
Les explicaré con lo que me ha pasado: Yo sé que no quiero ver algo, ¡Mierda, lo evito a toda costa! Puesto que sé que si lo hago, me va a hacer sentir mal. Luego entonces, ¿En dónde entra ese narrador culero? Es aquel que dice: 
¡Ándale, voltea! ¿Qué tal si ya ni está?... No mames,¿Sí está? ¿Se están comiendo? ¡Ves cómo eres pendeja!. 
Ese es el narrador culero.
Y es que este pequeño narrador culero cómo hace de las suyas, pero mi pregunta es: ¿Por qué no podemos luchar contra él? Vaya, si sabemos lo que busca y sabemos que está mal, ¡¿Por qué no gana nuestro sentido común?! Hasta cierto punto llega a ser súper paradójico.
A veces me da mucha risa el narrador culero, sí, te llega a herir (por algo es culero, ¿no?) pero al final puedes sentarte con él, decir Oye, tienes razón, ¡Sí estoy bien pendeja! y te puedes reír con él mientras que sientes cómo cicatrizan tus heridas.
Ya sé, ya sé, qué necesidad, ¿verdad? pero puede ser un gran compañero al momento de tratar de olvidar algo, (Sí, sí, el típico aprende de tus errores).
Así que lo que aprendí hoy es que tú y tu narrador culero pueden ser grandes compañeros, ¿Quién sabe? puede que éste te lleve a algo grande después de arruinarte muchas cosas.

Les dejo por aquí el vídeo para que sepan más sobre el narrador culero (minuto 7:30).


0 comentarios: